En México, en los últimos años, la política se ha visto envuelta de dos bandos entre fifís y chairos. La confrontación partidaria se centra en aquellos que están en contra de Andrés Manuel López Obrador, actual presidente de México, que acusa a sus seguidores de “chairos y resentidos”.

Imagen resentidos en las redes sociales
El tema en las redes sociales ha sido tendencia.

¿Quienes son los resentidos?

Para empezar hay que preguntarnos qué significa ser resentido. Según el Diccionario de la Real Academia (RAE), el resentido es una persona que se siente maltratada por la sociedad o por la vida.

Comentarios en las redes sociales

El resentido ha sufrido una serie de injusticias que lo hacen estar inconforme con lo que se le presenta, por lo que buscará cambiar esa situación. 

En las redes sociales, como Facebook o Twitter se ha señalado a todos aquellos que luchan contra el racismo, las injusticias laborales o los que están en contra de los partidos conservadores del PRI o PAN, como “Resentidos”. 

Los partidarios de Morena y de AMLO son acusados de resentidos, sin embargo, se han arrastrado a otros sectores, como aquellos que luchan contra el racismo, igualmente, aquellos que se quejan de sus situaciones laborales o con el sistema de salud, pero ¿el resentimiento social es malo? 

El resentimiento social es la insatisfacción por las circunstancias en que la sociedad ha colocado a ciertos sectores desfavorecidos por la economía, la política y la cultura. 

Los resentidos y AMLO

El debate en las redes sociales comienza con López Obrador quien desde sus polémicas declaraciones en las mañaneras es acusado de resentido, mediocre, egoísta, envidioso y vengativo. Así, cada que el mandatario habla de apoyar a las clases desfavorecidas, sus opositores explotan por lo que consideran que es un acto populista.

No es un secreto que una buena parte de la población que apoya a AMLO votó por él por las promesas de una mejor vida, así la clase trabajadora se vería favorecida. Si bien en lo que vamos del sexenio todo parece más turbulento, las reclamaciones se han hecho especialmente contra los apoyos sociales, acusando a las personas que los reciben de vivir del Estado. 

Por el contrario, cuando los opositores hacen una crítica, en el mayor de los casos sin sustento y los amlovers defienden al partido de Morena y López Obrador, son acusados de resentidos que no desean que el país avance. 

La clase media que está viéndose desplazada en los discursos sienten que están siendo afectados. Así cada vez que el presidente habla de la clase media, los profesionistas, pequeños empresarios o los que tienen posgrado, sus comentarios han sido muy desafortunados. Acusa de forma negativa que el aspiracionismo es malo, quizá gran parte de estas declaraciones se deben a que a veces están fuera de contexto.

En nuestro país ha habido mucha desigualdad, es por eso que AMLO fue ganando adeptos, pero lo cierto es que esta diferencia y lucha entre los que tienen y menos tienen siempre ha estado aquí, sólo fue aprovechado por López Obrador.

En generaciones anteriores los ricos siempre han tenido apodos como los “niños fresas” o “los juniors”, a su vez, estos también han despreciado a las masas o el pueblo y los han calificado negativamente como “nacos” y “mediocres”. El resentimiento actual proviene de años de injusticias sociales en sectores vulnerables. Incluso la palabra fifí es de la época porfiriana. 

Los resentidos sociales

El resentimiento social tiene bases profundas. El resentimiento no es malo, es una reacción lógica a un sistema de injusticias, por ello, también es el sentimiento que provoca las revoluciones. 

Si bien, las estadísticas señalan que en México, la clase media es aquella que gana más de 30 mil pesos al mes, lo cierto es que en nuestro país esos salarios son casi exclusivos. La mayor parte de la población gana entre 4000 a 8000 pesos y entre estas dos partes se dividen las clases económicas y sociales de manera cotidiana.

Los obreros, empleados de establecimientos, personas independientes con oficios y servicios ganan un aproximado de 4 mil pesos, mientras los profesionistas y técnicos están en el segundo rango de 8 mil. En el primer sector también se incrustan pequeños comerciantes o ambulantes, los vendedores por comisión, promotores, encuestadores o repartidores que no tienen prestaciones de ley, que no verán una pensión y que recurren a médicos de farmacias, dispensarios o el INSABI, porque tampoco tienen seguro social. 

Los profesionistas y técnicos, al ganar el doble, se consideran en una mejor posición, aunque están lejos de la verdadera clase media que gana el triple. Al estar a favor de los partidos políticos o de los grandes empresarios que tienen fortunas de miles de millones demuestran más que sufren del síndrome de Estocolmo, sólo que en lugar de identificarse con el secuestrador, se identifican con el privilegiado, siendo comprensivos y benevolentes con sus intereses. 

En una manifestación un joven se hizo tendencia al gritar que los mexicanos mueven a México.

Cabe considerar que por estudios sobre el racismo queda claro que una buena parte de la población económicamente desfavorable es de rasgos indígenas, afrodescendientes o morenas, quienes también tienen menos nivel académico, por una estructura que les dificulta salir adelante, por ejemplo, cuando antes que la escuela tienes que buscar cómo sobrevivir.

En consecuencia, las personas que siempre han sufrido de insultos, trabajos mal pagados y falta de servicios adecuados, ahora son llamados “resentidos” si alzan la voz en contra del racismo o clasismo. 

Los obreros que se trasladan durante horas para trabajar, el personal de limpieza que son invisibles para la sociedad, o los empleados sin prestaciones tienen el derecho a una vida mejor y luchar por ella. Los programas sociales deberían, mientras no haya justicia, equilibrar los malos salarios. Lo malo es que también no llegan a quienes deberían por la corrupción que existe en las instituciones públicas. 

Los programas sociales no deberían ser limosnas, también es cierto que se debería generar más empleos bien pagados, pero el sistema económico-político está hecho para concentrar la riqueza en unos cuantos. Así que el resentimiento no se resuelve con un “echale ganas”, “ve al psicólogo”, “necesitas ayuda”, “estudia para que te superes”, “emprende para que no seas un empleado”, porque nada de esto sirve mientras las estructuras económicas sean las mismas. 

El resentimiento: una lucha por la justicia social

El problema es que la gente no comprende o se niega a ver lo que las injusticias pueden hacer en las personas. Las injusticias que se viven de manera cotidiana y sin tregua hacen que las personas vivan situaciones al límite: sin tener para comer, sin saber cómo pagar la renta, sin dinero para el transporte o la escuela, sin medicinas o sin atención médica. 

La clase política y económica que son las que fomentan un discurso contra los resentidos arrastra a las clases medias. Los influencers piensan que están siendo objetivos y revolucionarios por atacar a otro con la idea de que el resentimiento es malo, sin atender el porqué de la situación. Esto mismo hace que los políticos se aprovechen.

Una clase media que olvida que está más cerca de la pobreza o que en realidad no son clase media, sino que también son parte de un sistema devorador, porque muchos profesionistas y pequeños empresarios carecen de prestaciones sociales y apoyos.

Infografía resentidos por injusticias sociales

Una persona que ve su a su ser querido muriendo por la falta de medicamentos, alguien que sufre la desaparición de algún familiar o amigo, una persona que sea asaltado sin obtener justicia, es evidente que creará un sentimiento de malestar con la sociedad y el sistema en el que vive, más cuando en lugar de encontrar apoyo o empatía es atacado. 

Sí, hay rencor y frustración contra los privilegiados que hacen de un sistema un espacio sólo para el beneficio de unos cuantos pero en el que la mayor parte vive en la miseria. El asunto es que este resentimiento es un punto de fuga para encontrar el modo de mejorar la vida.

Cuando las clases altas acusan de flojos a las personas empobrecidas sólo están evidenciando que desconocen cómo se vive con 4mil pesos al mes, además no tendrían calidad moral para reprochar cuando son ellos los que se benefician con los bajos salarios y las condiciones laborales.

Los políticos sólo desean ganar para seguir manteniendo sus privilegios. Pueden acusar a diestra y siniestra de lo que sea, pero es nuestra labor no influenciarnos de sus discursos, porque somos nosotros los que estamos viviendo por debajo del índice de buena calidad de vida.

Así, ¿el resentido es un insulto? Más bien muestra que quienes acusan a otros de resentidos viven en una existencia paralela y con poca conciencia sobre las injusticias sociales o tal vez les falta valor para luchar contra las injusticias y prefieren conformarse.

Samuel Rojas
Samuel Rojas

Politólogo de corazón. Rockero urbano. Un pinche rebelde y vago pobre. Amante de México y su historia. Latinoamericanistas por vocación.